Donde tienes la olla
Lunes x de aquel mes del xxxx
Las X corresponden a dígitos, Lo digo para los listillos que piensan que soy monotemático y que solo hablo de sexo.
A lo mejor tienen razón ya que el asunto me rodea de manera muy extraña. De hecho aquel lunes, me encontré con mi cliente en su empresa. El Venus Club. Y creedme, no tiene nada que ver con la asociación de compradoras de cuchillas de afeitar para mujeres. Aunque se pueda imaginar perfectamente que las mujeres de ahí tienes las piernas muy bien afeitadas.
“Quiero saber cómo ganar más dinero. Las chicas hacen un buen trabajo y cada una tiene por lo menos tres clientes cada noche. Necesito tener a mas chicas?”
El expediente era de lo mas incomodo. Está claro que era difícil para mí dar un consejo en este sentido.
No tengo nada contra la prostitución, pero estamos hablando de aconsejar para que uno gane más dinero con las chicas. Y eso sin estar seguro que ellas mismas se iban a beneficiar del tema.
Entré en el club. Todas las chicas estaban ahí, vestidas y maquilladas. Me las presentó una tras otra. No me acuerdo de todos los nombres, y los apellidos menos todavía, ya que eran muchas de Europa del Este. También de América del Este (Lo llaman Caribe). Todas eran guapísimas.
Si quieres puedes pasar una semana y probarlas. Así me dirás si el problema viene de ellas…
Ahora mismo, sé que estáis esperando mi respuesta. De hecho iba a contestar cuando de repente, vi lo que podría ser la causa de la falta de ingresos.
Pero para asegurarme, pedí permiso para estar una noche ahí y analizar el tema.
Dos días después, Fui al club, entré me senté miré. Se acercó una. Era de Estonia, se llamaba…Se llamaba…Carmen.
Vale, no se llamaba Carmen, pero no me acuerdo de su nombre.
-Hola guapo, me invitas a beber algo?
-Vale, que quieres beber?
-Una tónica, y tu?
-Una Coca Cola light
Me miró con un poco de decepción ya que no se iba a hacer rica con lo que pedía. Aunque, 10 euros el refresco, había que pensárselo antes de tener sed aquí.
-Quieres subir conmigo? Me preguntó
-Vale
Subimos, entramos en su habitación y ella empezó a quitarse la ropa. Empezó con la braguita. La puso encima de la silla.
-Espera, dije. Túmbate.
-No quieres que me quite el vestido?
-No. Pero levanta las piernas.
Levantó sus piernas, abriéndolas, para presentarme su herramienta de trabajo más valiosa. Estaba claro que con una herramienta así, ningún cliente se quejaría.
Me acerqué, cogí en mi mano izquierda su pierna derecha. Tendí la otra mano para coger su braguita que estaba encima de la silla y se la puse otra vez.
Me miró intrigada.
-Quieres que follemos con la braga puesta?
-No. Quiero hablar. Tengo que hacer preguntas sobre cómo funciona el bar.
-Ah tu eres el asesor este?
-Se dice consultor, pero es lo mismo.
-Pablo dijo que si vinieras, que teníamos que atenderte de manera gratuita.
-Lo sé, pero me interesa saber cosas.
Tras media hora de conversación, me despedí de ella. Me ofreció quedarme un poco más.
-Si quieres, dijo ella, podemos follar. Como no es cuestión de dinero, será puro placer.
La besé en la mejía.
-Gracias, pero tengo que levantarme temprano.
Me fui a mi casa. Me duché y me fui a la cama.
El día después, llamé a Pablo y le dije que iba a recibir el informe hoy mismo y que preparara el 50% de lo convenido. Normalmente si el cliente quiere solo un consejo, cobraba por el consejo. Pero si dicho consejo implicaba un cambio importante, cobraba un importe que incluya el consejo y una prima por resultado positivo.
Dicho cambio era sencillamente poner el doble de barra, pero con el mismo número de camareras.
Normalmente así, se aumentaba el número de consumiciones. En la situación de entonces, los clientes subían directamente a las habitaciones ya que no había mucho sitio para sentarse a consumir.
El resultado generaría unos 1000 euros más de facturación cada noche, es decir alrededor de 25.000 euros más al mes.
Enseñé a Pablo los números suyos destacando el número de visitantes y el importe medio gastado en la barra, que era muy poco. Y era poco porque justamente, no todos los que entraban se quedaban un rato en la barra.
Se quedó satisfecho, me pagó el 50% y me invitó a elegir a una de las chicas como regalo.
Elegí a Carmen otra vez. Subí con ella. Se quedó parada en la habitación ya que no sabía si íbamos a tener sexo o reunión de trabajo.
Abrí el sobre que Pablo me había entregado, cogí la mitad de los billetes que estaban dentro y los entregué a Carmen ante su mirada incrédula.
-Gracias por haberme ayudado en mi trabajo anoche. No lo digas a nadie, vale?
La besé y me fui.
Por cierto, lo de la barra funcionó, lo supe los 3 meses cuando me llamó Pablo para recibir el resto del dinero. Ojo, con factura y todo.
En cuanto a Carmen, es decir Svetlana, ya no trabajaba ahí…
Su país ya había entrado oficialmente en la Unión Europea





TERESA santomil gonzalez dijo
Yo no tengo nada que comentar, mi no entender de estas
cuestiones, jau, pero si puedo mandarte un cariñoso saludo
y eso hago, muack
7 Febrero 2010 | 09:37 PM